jueves, 8 de diciembre de 2011

Nuestra experiencia con el colecho...


En los últimos meses ha habido grandes cambios en nuestra dinàmica familiar. Me ha apetecido explicarlo porque han sido bastante inesperados y pienso que vale la pena que otras mamis tengan en cuenta que hay infinites variedades y variables, y que en numerosas ocasiones éstas escapan a nuestro control y es impossible predecirlas.
Desde que Daniela nació hace ahora dos años y tres meses, siempre había dormido con nosotros. Inicialmente más que la convicción de los beneficios del colecho, fue lo práctico del sistema lo que me convenció. Mi niña no dejaba de mamar en toda la noche, y la mejor manera de no pasarme la noche en vela fue acostarla junto a mí. Rápidamente pillamos el truquillo y en unes semanas ya ni era totalment consciente de las veces que mamaba en la noche, estabamos encantados. Fue pasando el tiempo y seguíamos encantados. Pese a los cientos de comentarios del estilo: “ya vereis cuando querais sacarla”, o “la estais malacostumbrando”, u otros muchos similares, nosotros seguimos queriendo malcriarnos mutuamente, pues realmente es una experiència fantástica dormir con ella.
Hace unes 24 semanas me quedé embarazada. No teníamos muy claro cómo gestionaríamos el tema del colecho, lo que sí sabíamos es que queríamos que nuestra segunda hija también durmiese con nosotros, así que nos dispusimos a comprar una gran cama de 1,80 de ancho... Pero Daniela decidió por nosotros.
Hace cuestión de un mes, en una noche “normal y corriente”, mi hija empezó a moverse (de manera limitada, pues estando los tres en la cama no quedava demasido espacio disponible), y terminó diciendo muy convencida: “ay!! Quiero mi cama!!”, nos sorprendió muchísimo. El caso es que al dia siguiente desempolvamos una antigua cuna que tenia mi madre, la montamos y la adjuntamos a la cama de manera que quedamos a la misma altura. Desde ese día (hace ahora un par de meses) Daniela duerme en su cuna, cuando ha estado algo malita, me pide venir a la “cama grande” y sin problemas duerme con nosotros, pero eso ha pasado tres o cuatro veces; el resto duerme solita y aunque su padre le diga que se venga con nosotros ella dice: “no, a la cama grande, no, la nena a la cuna”.
En este momento, debido al próximo nacimiento de Luna, suponemos que Daniela querrá estar en la cama grande con nosotras (de nuevo intentando predecir!), así que hemos pensado adjuntar una cama pequeña en el lugar de la cuna, por si tiene que ser papá quien acaba durmiendo ahí, y desechar la idea de la gran cama, puesto que hemos comprobado que el colecho no es indefinido o eterno (como todos decían). Así que cuando mis niñas quieran dormir solas, pues cambiaremos la cama pequeña de habitación y listo!
Soy consciente de que cada niño es distinto y la manera en que Daniela ha gestionado el fin del colecho no es lo habitual. Yo hasta el momento había escuchado que era sobre los tres años que los niños deciden por sí mismos salir de la cama de los padres.
Bueno, hasta ahí nuestra experiència, aunque... la historia continua!! Os seguiré contando!

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